Hoy, va por el Comandante Carlos Adanero.

Cada vez con mayor frecuencia, las historias del cine interactivo muestran contenido de calidad que da mucho que pensar.

Mucha gente considera que los videojuegos son un mero pasatiempo, algo fútil que no vale para nada más que para llenar la cabeza de pájaros a los jugadores y que les impide hacer algo de provecho. Para muchos, los videojuegos son una pérdida de tiempo o algo a lo que solo juegan los frikis.

No obstante, el número de personas que piensa así va descendiendo poco a poco, pues, cada vez más, los videojuegos van demostrando que no son solo un entretenimiento. Al igual que un libro o una película, los juegos son una plataforma a través de la cual el equipo transmite un mensaje mucho más profundo que ‘matar marcianitos’. Lo único que hay que hacer para comprobarlo es indagar un poco en la historia que presentan, no limitarse a apreciar los gráficos.

Los videojuegos hacen gala de una historia y unos personajes dignos de la mejor obra literaria (no en vano cuentan con un guión que nada tiene que envidiar a otro tipo de trabajos). La trama ha de ser profunda y los personajes han de estar tan bien creados que no se note que han nacido de la imaginación de alguien, sino que parezcan naturales y que están dónde están (y en la situación en la que se encuentren) por unos motivos razonables.

Además, muchas de las cosas que se muestran en los videojuegos pueden aplicarse en la vida diaria, solo hay que tomarse la situación en concreto como una metáfora. Si se mira con otros ojos, el cine interactivo está lleno de momentos épicos que pueden ayudar y animar el día a día de todo aquel que lo juegue.

Puesto que es imposible hablar de todos estos momentos hay algunos ejemplos relativamente recientes, pero que su mensaje perdurará durante mucho tiempo.

Un buen ejemplo de filosofía de vida en los videojuegos, que no se han molestado ni necesitado ocultar se puede encontrar en Mother 3: ‘Simplemente creo que, si te acostumbras a huir de todo, pasarás un mal rato cuando TENGAS que luchar, y será por tu falta de experiencia… Huir de manera constante solo lleva al arrepentimiento, mi joven discípulo’, o la también mítica: ‘No es difícil llorar en soledad, pero es casi imposible reír solo’.

Ambas frases son muy directas, pero muy profundas a la vez. Muestran una sabiduría que anima a afrontar el día a día de frente, con energía y optimismo. Una oda a la valentía que potencia el compañerismo. Muestra un fragmento de la vida que, a pesar de estar ahí, a simple vista, poca gente había visto.

Otra forma de filosofía que transmiten los videojuegos son los personajes. Su modo de ver la vida y afrontar los problemas puede ser muy inspirador para todo aquel jugador que se refugie en los videojuegos para huir de algún problema que acose su propia aventura.

Ese es el caso del famoso Solaire de Astora, el Guerrero del Sol. Este personaje aparece en la primera entrega de Dark Souls, y es, por mucho, el NPC (Non Player Character) más querido por los jugadores. La historia tiene lugar en Anor Londo y zonas allegadas, un reino desolado, caído en desgracia, donde las únicas presencias que hay (monstruos en su mayoría) tratan de acabar con el jugador en cuanto le ven.

Por eso, la presencia de alguien que quiere ayudar al jugador en su aventura instantáneamente se convierte en alguien querido. Lo especial de este personaje es su eterno optimismo, sentido del humor y ganas de colaborar, aparte de ser alguien con un poder tremebundo al que pocos enemigos pueden hacer frente. Sabe que la gloria de Anor Londo ha desaparecido, que las sombras lo están tomando todo, pero él sigue adorando al Sol frente a la oscuridad creciente. No se rinde, no cede.

El apoyo que representa para el jugador supone un soplo de aire fresco que anima a levantarse una vez más y hacer frente a todos los problemas, pues el Elegido sabe que cuenta con un soporte especial. Algo que realmente no viene de fuera, de Solaire, sino de la propia determinación restaurada del protagonista. ‘Un Solaire en tu vida alegra el día’. Praise the Sun!

Por último, hay otro tipo de filosofía oculta en los diálogos que personajes épicos y fuertes se encargan de imbuir en el jugador. Este tipo es el más común, y para ejemplificarlo no hay nadie más apto que el épico discurso que el Comandante Shepard realiza antes del asalto final en Mass Effect 3:

‘Esta  guerra  nos  ha  traído  dolor  y  pérdidas. Pero  también  nos  ha  unido.  Como  soldados,  aliados… amigos. Este lazo que nos une es algo que los Segadores jamás entenderán. Es más poderoso que cualquier arma, más fuerte que cualquier nave. No puede ser destruido. Las próximas horas decidirán el destino de todos en la galaxia. Cada madre. Cada hijo. Cada niño que no ha nacido. Ellos confían en vosotros. Dependen de vosotros para ganar su futuro. Un futuro libre de la amenaza de los Segadores. Tomadlo en serio. Mirad a vuestro alrededor. No estáis en esta  lucha  solos.  Plantaremos  cara  a  nuestro  enemigos juntos, y juntos los venceremos’.

Este tipo de filosofía es más sutil y abierta a la interpretación. En este caso, las palabras del Comandante Shepard dicen que hay una amenaza externa (los Segadores) que quiere acabar con todo tipo de vida. El mundo depende del éxito de la misión. Pero su equipo no está solo. Si trabajan juntos, sus posibilidades de éxito aumentarán considerablemente.

Otra forma de interpretarlo y adaptarlo a la vida cotidiana es cambiar esas madres, esos hijos, nacidos y por nacer, por la vida del propio jugador y los Segadores como personificaciones de los problemas que acosan al protagonista día a día. Así se representa un agresor y algo que merece la pena proteger. Esto también es un llamamiento a la unidad y al trabajo en equipo, pues, por muy fuerte que se pueda llegar a ser, hay pruebas que es imposible superar en solitario, por lo que apoya que haya gente que ayude a quien toma el mando. Como Solaire.

También de Mass Effect, en conmemoración al N7 de 2015, Bioware publicó un vídeo en el que se veían distintos momentos de la historia humana cuando se conseguía llegar un paso más allá de lo que, antes, se conocía como la última frontera.

“Somos viajeros. Constantemente moviéndonos hacia delante… y mirando atrás. Solos en este mundo. No tenemos más opción que intentarlo. Por nuestra insaciable curiosidad. Por nuestro miedo si no lo hacemos. Tu eres un explorador ahora. Diremos adiós y miraremos atrás una última vez. Y sabemos que, donde quiera que vayas, estaremos contigo. Comandante Sheppard, cierra sesión”.

¿No significa, acaso, la irrefrenable aventura del ser humano, siempre avanzando, sin importar el qué? Este mensaje transmite esperanza. Los tiempos pueden ser muy difíciles, se extrañará demasiado lo que se quedó atrás, pero siempre hay que avanzar, sin olvidar que, esos momentos, siempre estarán con nosotros, como parte de nuestra vida. Caminantes sin un rumbo fijo, avanzando hacia lo desconocido en busca de nadie sabe qué, pero acudimos a su encuentro sea lo que sea. Una oda a la esperanza… y al futuro que está por llegar.

Estas son algunas, ni mucho menos las únicas, de las formas más comunes de filosofía en los videojuegos, que, poco a poco, van demostrando que no son un mero entretenimiento y que hay gente que pone toda su alma y su ser para crear auténticas obras de arte que trasciendan las tres dimensiones en las que tiene lugar la historia del videojuego.

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