Los videojuegos beben de las mitologías que pueblan el folclore de todas las tierras conocidas, eso es un hecho. Pasa lo mismo con la literatura. Es normal que a la hora de crear algo, con la intención de compartirlo, el autor se apoye en las historias típicas de su tierra. Por supuesto, Japón es la tierra que con más ahínco lo hace, pues su mitología es muy rica… aunque normalmente siempre se apoyen en los mismos puntos.

 

  

 

Uno de estos puntos son sus armas más características: las katana. Japón y katana son sinónimos, y es muy, muy difícil ver el uno sin el otro.  Pero, de entre todas las armas que los antiguos herreros nipones llegaron a forjar, hay dos maestros que brillaron por encima del resto y sus trabajos siguen siendo punteros, a pesar de haber sido creados hace más de mil años.

 

descarga

 

Cuenta la leyenda que estos artesanos fueron, en la juventud del segundo, maestro y aprendiz: Masamune Ozaki y Muramasa. Sus trabajos han sido reconocidos por la historia como las armas de los héroes y las espadas malditas, respectivamente. Mientras que las hojas de Masamune fueron consideradas como “buenas”, el hecho de que las Muramasa fuesen usadas por asesinos para atentar en repetidas ocasiones contra la familia del shogun, hicieron que fuesen prohibidas y las tildaron de malditas y diabólicas.

 

 

Hay una leyenda que dice que cada vez que se desenvaina una Muramasa, debe probar la sangre. Si no es la del enemigo del portador, podría llegar a ser la vida de este.

 

 

Mas, no es esa la historia que voy a contar hoy (aunque ya lo he hecho). El relato de este artículo narra el combate que el joven Muramasa propuso a su maestro, Masamune.

Henchido de orgullo, habló con soberbia, retando a su maestro para comprobar quién era capaz de forjar una espada mejor. Finalmente, Masamune aceptó el duelo. Ambos se retiraron a sus forjas para trabajar y, cuando llegó el momento acordado, se reunieron en la orilla de un río que había en las inmediaciones. Además, un monje que por casualidad pasaba por allí se sentó, lleno de curiosidad, a ver el enfrentamiento.

El joven Muramasa fue el primero en probar su creación. Metió la espada en el agua, con el filo a contracorriente, y contempló cómo todo lo que el agua arrastraba era cortado a la perfección por su espada: peces, hojas, algún pequeño insecto despistado, incluso el propio aire sufría al tocar la hoja. Retiró la hoja, muy satisfecho, y se burló de su maestro.

 

 

Cuando Masamune metió de la misma forma su espada en el agua, ambos vieron cómo esta parecía fusionarse con la corriente y no cortó nada: los peces se acercaban y marchaban tranquilos, el agua corría a su lado sin problema, el aire susurraba apaciblemente.

Masamune guardó su arma frente a las sonoras carcajadas de su alumno, quien arremetía contra su maestro, burlándose de él. No obstante, este pidió la opinión al viejo monje que observó el curioso duelo.

 

 

El monje reconoció que la primera, el arma de Muramasa, era una buena espada, con un filo al que nada podía detener. Pero era una espada maligna, pues cortaba todo lo que tocaba sin distinción alguna.

La mejor espada de las dos, concluyó, era la de Masamune, pues si bien podía acabar con una vida fácilmente, no cortaba quien no lo mereciese.

Published
Categories Formación Gamer
Views 250

Comments

No Comments

Suscríbete al blog

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.

Categorías