Aunque mucha gente no lo aprecie tanto como realmente merece, concentrados más en la acción, en la batalla a vida o muerte contra el boss, hay un aspecto que, tanto en los juegos como en las películas, que potencia de forma excepcional el momento que se vive: la música.

Me gusta decir que “irse, con la música, a otra parte” (de nuevo, la importancia de las comas). Se dice que, en los trabajos audiovisuales, el 60% del resultado lo hace el sonido, y es cierto que la música puede transportar a lugares que por mucho 3Do realidad aumentada jamás se podrá llegar. Cerrar los ojos y dejarse llevar.

 

 

Los videojuegos han dado auténticas obras de arte sonoras, dignas del Oscar a mejor banda sonora. Las composiciones para estas aventuras no tienen nada que envidiar a los trabajos de John Williams, Ennio Morricone o al mismísimo Ludovico Einaudi (y, desde mi punto de vista, ya es decir).

 

 

Hay tantas bandas sonoras como videojuegos. Es decir, una burrada, y más a cada año. Eso es evidente. Y, al igual que en el cine, o los videojuegos, con la música es recomendable no seguir títulos, si no los nombres de los compositores que nos llamen la atención. Limitarse a los títulos es limitar el conocimiento sobre esas composiciones que nos gusten.

Por ejemplo, Nobuo Uematsu no solo ha trabajado en Final Fantasy. Pero, si sólo escuchas lo que ha hecho para FF, te perderías su excelente trabajo en obras como Last Odyssey o Blue Dragon. O también puede darse el caso, de que cambien el compositor en alguna entrega (como sucedió en Mass Effect con Jack Wall, con quien no contaron para la tercera entrega ni los DLC de la segunda). De nuevo, seguid nombres, no sagas.

O seguidlo todo, qué demonios.

Otra práctica que os recomiendo es poner de fondo las OST de los juegos que os gusten y prestadlas atención. Cerrad los ojos, sentid las notas, los instrumentos, cómo la música evoca en vuestra mente situaciones y entornos que no podrían existir sin la vida de las notas del pentagrama.

Aunque la lista de mis favoritos es larga, voy a comentar algunos de los que más recurro cuando tengo que hacer alguna tarea que me permite tener música de fondo para que sea más amena (como escribir artículos para Game On).

 

 

Primero empezamos con un clásico, uno de los grandes cuya obra es extensa y brillante. Un hombre que todos conocen sus obras, pero no tantos su nombre. Sed sinceros. ¿Cuántos saben quién es Kōji Kondō sin tener que googlearlo?  (Podéis contestar en Twitter).

Este compositor lleva trabajando para la gran N 23 años (desde el 83), y ha sido el encargado del apartado sonoro de los grandes éxitos, como la saga de Mario Bros (en todas sus variantes), Star Fox, Smash Bros (de nuevo, en todas sus formas) y The Legend of Zelda (desde el 86, pasando por Ocarina of Time, Majora’s Mask, Twilight Princess hasta Skyward Sword). Sí, él fue el creador de los famosos temas que había que tocar con la ocarina en los juegos de Nintendo 64 (y 3DS). Aquí os dejo un enlace a Youtube un sitio que jamás sospecharíais para poder escuchar las músicas de Kondō-sensei. Es increíble lo que alguien era capaz de hacer en los años 80 con tan solo cuatro pistas de audio y, por ende, cuatro instrumentos.

El siguiente autor, no podía faltar, es Nobuo Uematsu. Es, posiblemente, a quien más conozca la gente. Al igual que muchos otros, sigo a este autor desde que jugué al Final Fantasy VII allá en torno al año 2000. Era demasiado joven por aquel entonces para entender cómo  iba el juego, sus dinámicas y tal, pero me enamoré de la banda sonora. Rápido miré en los créditos, los cuales dejaba horas y horas sólo para escuchar la canción de inicio, quién era el autor. Y, cuando adquirí el FF VIII, luego el IX y así, siempre miraba si la banda sonora era de Uematsu. En cuanto Youtube creció, no tardé en crear una lista de reproducción con todas sus obras.

Aunque mi favorita es, sin duda, One Winged Angel, composición que transmite a la perfección la personalidad de Sephiroth, todo su poder, otra muy acertada es el Cloud’s theme, el cual muchos escucharon por primera vez como la música del mundo al salir de Midgar. Esta canción ES Cloud. Al igual que el ex-SOLDIER, la canción empieza de forma explosiva, llena de confianza y fuerza, capad de todo. Luego, se vuelve más tensa y seria, al igual que cuando el trabajo de mercenario contra Shinra Inc pasa a ser una persecución en pos del antaño Gran Héroe. Cuando el protagonista pelo pincho descubre la terrible verdad sobre su pasado y cae en la desesperación, la melodía se vuelve oscura, pesada, agobiante, para, finalmente, volver a brillar llena de fuerza y esperanza cuando Cloud se encuentra a sí mismo y afronta la lucha final con sus propias manos.

Simplemente sublime.

El tercer japonés de la lista no podía faltar. Este maestro lleva creando grandes composiciones desde el 89. Madre del amor hermoso. ¿Habéis visto la cantidad de obras maestras que ha creado este hombre, y los títulos que ha convertido en sagas legendarias por su banda sonora? ¿Cómo? ¿No sabéis de quién hablo? ¡De Motoi Sakuraba, por supuesto!

La saga Zen, Parlor!, Star Ocean, Valkyrie Profile, algunas colaboraciones para juegos de Mario… Los juegos de Tales of (Destiny, Phantasia, Eternia…), Golden Sun y Dark Souls llevan sus notas y ritmos. Creo que es difícil conseguir una carta de presentación mejor:

Sakuraba-san ha demostrado ser un compositor polifacético, que igual te compone el tema más épico, movido, repleto de acción frenética, como la banda sonora más solemne que emana en cada nota el poder y majestuosidad del personaje que acompaña. Gracias a él, los que hayan jugado a la saga Souls (y a todas las demás) habrán sido testigos de los combates más épicos gracias, al 60%, a la obra de Sakuraba. Porque, ¿acaso la lucha contra Gwyn o el Rey sin nombre, el Primogénito del Sol, Gwyn  serían lo mismo sin esas grandes piezas? PRAISE THE SUN!

Amen también de Yuka Kitamura, compositora japonesa que con sus violines estridentes y bien afinados y teclas de piano inconfundibles nos muestra melodías, que muchas veces a la par del maestro Sakuraba, impregnan epicidad y alguna lagrimilla de emoción por las mejillas. ¿Cómo poder evitarlo, con sendas maravillas como estas?

Adentrándonos en la música un poco más tecnológica, encontramos a Mike Morasky, el gran maestro que guió a los jugadores en la saga Portal y Lef 4 Dead, quién hace las partidas de Team Fortress 2 más amenas y divertidas, al igual que las de Counter Strike: Global Offensive. Aunque Mike trabaja más orientado hacia la música habitual, en disco, también tiene experiencia y renombre con los efectos visuales. Tanto es así que contaron con sus habilidades para los efectos de El señor de los anillos y Matrix entre algunos otros.

Sus composiciones sonoras denotan el ritmo frenético que usualmente requieren los trabajos que le encargan, pero cualquiera que haya jugado a Portal o Let 4 dead sabe que es capaz de apoyar los momentos tensos y, en ocasiones hasta terroríficos, como el que más. A pesar de lo escasa (pero sublime) obra con las OST de videojuegos, se pueden aprender bastantes cosas con la escucha de sus trabajos.

Otro compositor que me ha enamorado con sus obras es Darren Korb. Tiene sus pinitos en televisión, pero sorprendió al mundo al demostrar su maestría en 2011 y 2014 al componer la banda sonora de dos indies que dieron un golpe en la mesa al demostrar que no tienen nada que envidiar a los triple-A que cuentan con un presupuesto similar al PIB de un pequeño país: Bastion y Transistor.

Escuchadlas. Dejaos llevar por sus melodías, cada una representando un ambiente único donde vivir aventuras, resolver misterios o simplemente perderte y disfrutar. Cada canción evoca un sentimiento distinto. Y cuando te encuentras la canción de Zia, interpretada por Ashley Barret, es, simple y llanamente, espectacular.

Pero si piensas en grandes espacios abiertos, un cielo infinito, arena hasta donde alcanza la vista. Cuando piensas en inmensidad y armonía, hay un juego que te viene la cabeza. Sí, ya sé que he dado muchas pistas con lo del desierto, pero el trabajo que hizo Austin Wintory para Journey es el alma del propio juego… y, en ocasiones, del jugador. La OST que Wintory creó para esta entrega es una de las mayores razones por las que deberías jugarlo. Transmite paz, armonía y equilibrio en cada nota. Personalmente, si estás pasando una época de mucho estrés, mejor que el yoga, es jugar un rato a Journey, acompañado por esta increíble banda sonora, mientras surfeas por cascadas de arena en un desierto donde la mente se expande y el jugador se encuentra a sí mismo.

Dejemos de lado, pero sin perderla de vista, la armonía mente-cuerpo-alma, y pasemos a la acción épica. A estas alturas todos conocen al Dovahkiin y al anterior Héroe de Kvacht. Bienvenido de vuelta a Tamriel, siempre acompañados por el épico trabajo del maestro Jeremy Soule. Caminar por las tierras heladas de Skyrim, mientras desayunas unos dragones y mandas a volar a los guardias desde lo alto de la colina de Markarth con un Fus Ro Dah nunca antes fue tan épico, a parte porque es algo exclusivo de Skyrim, que hacerlo con la gran OST que Soule creó para tales momentos. Sin él, atravesar los portales de Oblivion no hubiese sido lo mismo. Por supuesto, quien empezase sus andanzas por la lejana tierra de Morrowind, también lo hizo acompañado por sus melodías. Tamriel tiene su toque. Praise the FusRoDah!

Sus composiciones, si bien se adaptan a cada momento y escenario, son solemnes, pero cuando hay acción y toca desenfundar la espada, tensar el arco o cargar las magias, no hay nadie mejor que Jeremy Soule para encargarse de avisarte con un toque de sonido. ¿Quién no se ha perdido por las estepas norteñas y de pronto ha empezado a escuchar esa característica música de combate que alertaba (a niveles bajos, hasta asustaba, luego ya… meh) de que había algún enemigo hostil en las inmediaciones?

Y, aunque habría mucho más que añadir, solo diré:

Dovahkiin, Dovahkiin
naal ok zin los vahriin
wah dein vokul mahfaeraak ahst vaal!
Ahrk fin norok paal graan
fod nust hon zindro zaan
Dovahkiin, fah hin kogaan mu draal!

Y, para acabar (ojala pudiese hablar de todos, pero la idea es acabar el artículo algún día), he elegido al fabuloso  Ōtani. Aunque su experiencia está más centrada en el anime y las películas, se sacó la batuta y dijo “aquí manda mi katana” cuando presentó al mundo la banda sonora del imprescindible Shadow of the Colossus. Roar of the Earth, se llamó el álbum que recogía las canciones de un juego que se caracteriza por sus silencios que fomentan la atmósfera de soledad.

El sonido de las pisadas de Wander, el relinchar de Aggro y el canto de algún pájaro perdido que trina de vez en cuando deja paso a la obra de Ōtani-san durante los breves vídeos, las rápidas transiciones y, por supuesto, la grandeza de los combates contra los colosos. En estos momentos demuestra que la potencia y talento de su orquesta está a la altura de cualquiera de los titanes que hay que derrotar.

Por supuesto, estos compositores tienen más obras a parte de las comentadas, las cuales os recomiendo escuchar. Y, por supuesto, hay muchos compositores tan buenos o mejores que estos. Pero, como ya dije antes, la lista es demasiado grande como para hablar de todos ellos. Cada uno tiene sus favoritos, y estos son los míos. Si queréis que hable de alguno que os guste, o de alguna obra en particular, podéis pedirlo en nuestras redes sociales.

Para finalizar, a petición expresa de uno de nuestros redactores jefe dentro de Radio Game On, Luis Urueña, incluiremos a modo de cierre el tema principal de una de sus sagas favoritas de siempre, Halo, compuesta por el genial Martin O’Donnell, concretamente la versión que se puede escuchar en Halo 3, llamada One Final Effort. Un gran tema, según él, para un gran cierre de trilogía en su época para la consola de Microsoft, que nos llamaba una vez más a la incansable lucha del Jefe Maestro contra el Pacto Covenant. Según Luis: “Es un tema icónico y emocionante, para una saga que es parte ya de la gran historia de los videojuegos. Un tema que queda incrustado en nuestros corazones para no escapar jamás por su belleza y epicidad. Increíble.”

Y, ahora sí, me voy a ir, con la música, a otra parte.

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