2016 ha sido un año muy prolífico en cuanto a películas de videojuegos. Las hemos tenido de muchas y muy variadas franquicias –no os preocupéis, que tengo la intención de repasarlas todas- y todavía nos queda alguna protagonizada por cierto asesino encapuchado esperándonos para estas navidades.

 

La obra que hoy os traigo a analizar es “Angry Birds, la película”. Basada en la popular saga de juegos para móviles en la que tenías que lanzar una serie de pájaros mediante un tirachinas gigante para acabar con unos cerditos verdes (todo muy lógico a simple vista). El juego era realmente sencillo de jugar y adictivo, con lo que acabó convirtiéndose en una de las aplicaciones más exitosas de la historia para smarthphones. Para aquellos que en su día estuviesen viviendo en Marte aquí os dejo un video de muestra del primer nivel del juego.

 

 

Sé que vamos por el tercer párrafo y ya debería haber entrado al grano pero me gustaría que entendierais esta obra no sólo dentro de su concepción puramente fílmica si no de su interesante origen. Tras el éxito cosechado en 2009, Rovio Entertaiment, la compañía finlandesa desarrolladora, se dedicó a explotar a la pajarita de los huevos de oro con sucesivas secuelas, expansiones, adaptaciones de sagas archiconocidas como Star Wars y todo un montón de merchandising en los años posteriores. Todo pintaba de fábula para las simpáticas aves coloridas.

Todavía recuerdo a mi profesor de inglés diciendo aquello de “Lo importante no es llegar, si no mantenerse”. Y esto es lo que parecía haberle pasado a Rovio. El consumidor se había cansado de tanto pájaro cabreado y eso se tradujo en una disminución de beneficios, propiciando en el año 2014 el despido de más de un centenar de trabajadores. La cosa no se quedó ahí, porque en 2015 la compañía anunció un balance fiscal en negativo por primera vez desde su fundación, acompañado de un recorte de plantilla mucho más acuciante de casi 250 asalariados.

 

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Así es como me imagino yo el momento en que los directivos de Rovio decidieron producir una película.

 

“Reinventarse o morir” también es otro de los mantras de la cultura corporativa, y los finlandeses lo llevaron a cabo. En verano de 2015 salió Angry Birds 2, una nueva entrega que mantenía los personajes y enemigos de la saga pero que presentaba muchas características que lo diferenciaba de todo lo anterior– como por ejemplo, que las construcciones enemigas y los pájaros salieran aleatoriamente o que optase por un modelo Freemium al más estilo Candy Crush. No contentos con aquello, ese mismo año la desarrolladora se alió con la productora Sony para llevar a cabo el proyecto cinematográfico que da título a este artículo. Una arriesgadísima apuesta que, pese a los deseos de servidor, les ha salido bien.

 

La película nos presenta a Red, el pájaro rojo icono de la saga, que le obligan a acudir a un grupo de apoyo junto con otros Angry Birds para controlar sus problemas de ira. Allí conoce a toda una fauna que forma el elenco principal tanto de la película como de los videojuegos. Encontramos a Chuck, el pájaro amarillo veloz; Bomb, el negro que explota; Terence, el gigantón enfadado y Matilda, que suelta huevos explosivos.

 

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Todo ellos deberán hacer frente a una invasión de cerditos verdes con aparentemente buenas intenciones, pero que ocultan algo más allá de su amable personalidad. Si venís buscando una trama elaborada, acompañada de un complejo desarrollo de personajes y discusiones metafísicas sobre el bien y el mal esta no es definitivamente vuestra película. (ALERTA SPOILER) El guión se ciñe a seguir paso por paso los esquemas de héroe marginado que, gracias al compañerismo y la consecución de confianza en sí mismo, consigue vencer sus problemas interiores y obtener el reconocimiento de sus vecinos. Los personajes están dibujados siguiendo unos patrones arquetípicos muy básicos y no acaban de convencerme ciertas licencias de guion que se ha tomado el autor del libreto (Jon Vitti, que ya participó como guionista en Los Simpsons) (FIN SPOILER).

 

¿Es por lo tanto “Angry Birds, la película” una pérdida de tiempo? No necesariamente. Siento que a este film le pasa lo mismo que me sucedió en su día con el juego original, empieza siendo divertido y fresco pero a medida que pasa el tiempo vas perdiendo el interés en él y acabas por dejarlo –o en este caso aburrirte. La película resultará de lo más gratificante para los pequeños de la casa gracias a su colorido apartado visual y un diseño artístico bastante decente, pero defraudará a los que han estado esperando durante siete años para ver a los malhumorados animales en pantalla. Porque es así de simple, esta película no va dirigida para vosotros, aquellos que os descargasteis la aplicación y destruisteis porcinos verdes a base de golpes, si no a aquellos potenciales consumidores del futuro (¿os huele a plan estratégico a largo plazo?), algo que se acentúa más después de cuantificar la presencia de bebés y referencias a público infantil a lo largo del metraje. Sin embargo, encuentro que la producción se mueve en un tono entre el lapstick más bobalicón y algunas referencias escatológicas y adultas fuera de contexto que pueden hacer sonrojar a algún padre.

 

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Admito que me hizo gracia, pero este es uno de los gags que se salen un poco del tono de la película y que podéis ver en el tráiler

 

Vayamos ahora a la parte que a todo gamer le interesa ¿En qué se parece y en qué se diferencia esta película del videojuego en que está basada? Lo primero que salta a la vista es que le han añadido patas, alas y sentimientos a las criaturas, lo que ayuda a personificarlas y empatizar con ellas. Otro aspecto a tener en cuenta es que sale a escena el 80% del plantel de personajes que han ido apareciendo en el original y posteriores entregas, algo muy positivo y que sacará más de una sonrisa a los fans de la saga.

La película cuenta con varias referencias al producto original“En una valoración de una a tres estrellas ¿Qué nota me pondría?” dice Red al comienzo o una tienda de manzanas cuyo cartel reza Apple Store- y a otros productos de la cultura popular como Daft Punk o El Resplandor (The Shining). Por último, la banda sonora cuenta con el main theme del videojuego versionado de formas diferentes y, por otra parte, incluye otras muchas canciones famosas de los años 90 que dinamizan el apartado sonoro.

 

 

Con un presupuesto de unos 80 millones de dólares y una recaudación mundial de aproximadamente 350, parece que la suerte ha acompañado a Sony y Rovio. No me extrañaría ver en un futuro una secuela o algún otro tipo de expansión filmográfica de esta franquicia. Como he comentado anteriormente, me sabe hasta mal que así haya sido porque todo parece indicar que la desarrolladora va a seguir  jugándosela a una sola carta en vez de apostar por la creatividad y producir nuevas licencias que expandan su mercado.

 

Esto no significa que la compañía finlandesa no haya producido otros juegos, pero no invierten ni por asomo la misma cantidad de recursos ni tienen los mismos valores de producción (como dato informaros de que, dejando de lado los costes comentados antes, se estima que se ambas productoras gastaron alrededor de otros 80 millones de dólares solamente en promocionar la película).

 

En definitiva, “Angry Birds, la película” te hace pasar un rato medianamente entretenido, cuya diversión aumenta a medida que desciende el número de años del espectador. Simple y facilona. Uno de esos films para pasar una aburrida tarde de lluvia. Os recomiendo mirarla aunque solo sea por nostalgia o ver cómo han trasladado al lenguaje cinematográfico ciertos aspectos del juego, pero no esperéis grandes cosas de ella porque os llevaréis una decepción. Gamers y cinéfilos del mundo, estad al tanto porque Rovio ha vuelto ¿Para quedarse? Tal vez por unos 4 años como mucho, MGarri dixit.

Author MGarri
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