Hace poco tiempo, los españoles Alpixel Games, creadores del notorio “A Place for the Unwilling”, se presentaban en sociedad con una premisa pequeña y muy particular; “Missing Translation” es un juego sobre un idioma imaginario en el que no leerás ni una sola palabra.

 

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Reduciendo su esencia al mínimo, Missing Translation es un juego de puzzles 2D que integra un ligerísimo coqueteo a la mecánica del point and click.  Argumentalmente, el juego parte de la premisa clásica de la abducción. Tras elegir el sexo del protagonista, el jugador será enviado a otro planeta con reminiscencias al western y a la ciencia ficción de la América de los 50. Para escapar, el jugador deberá resolver una serie de puzzles.

 

Lo primero que llama la atención es que, exceptuando la pantalla de créditos, el juego no tiene letras. Ni una sola. Al empezar, el jugador se ve explorando un pequeño pueblo marciano sin saber dónde ir y sin entender el lenguaje local. La navegación es ardua al comienzo, ya que el jugador no encuentra asidero ni guías, pero una vez se interioriza, resulta uno de los aspectos más interesantes de la jugabilidad. El experimento es encomiable y más tarde volveremos a hablar de este punto.

 

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El corazón del juego está en los puzzles, que se basan en 3 pruebas de lógica, subdivididas en 100 pequeños desafíos. Los mismos son fácilmente entendibles sin explicaciones y suponen un tipo de reto relajante y clásico. Una buena cantidad de lógica, coordinación y visión espacial son necesarias para superar los últimos niveles. Con todo, el juego nunca llega a ser demasiado duro, por lo que la mayoría del tiempo resulta accesible. Esto le hace particularmente interesante para gente que nunca se haya acercado a un videojuego, que encontrarán aquí un primer paso familiar en sus puzles y llamativo en su idioma imaginario. Debido a sus desafíos breves, el juego se disfruta particularmente en partidas cortas (este análisis se centra en la versión de PC, aunque su naturaleza lo hace especialmente recomendable para ser jugado en móviles o tabletas).

 

El estilo gráfico es monocromo y bastante simple, pero el conjunto es resultón y tiene carácter. Los modelos de los habitantes del planeta, los rollizos gatos, los edificios y los rudimentarios efectos de profundidad consiguen una estética cartoon de estilo árido y manual, muy a lo Chuck Jones y a una versión low-cost de sus “Looney Tunes”.

 

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La música es particularmente agradable. Hay pocas pistas, naturalmente, pero están bastante cuidadas. Consisten en medios tiempos con un estilo que retrotrae a las composiciones más relajantes de Nobuo Uematsu y con reminiscencias a los trabajos de Tomohito Nishiura (“El Profesor Layton”). Melodías suaves con marcado sentido del ritmo y cargadas de cierto aire misterioso y juguetón. El efecto conseguido recrea una atmósfera retro muy eficaz. De hecho, el título comparte cierta sensación relajante y cerebral con este último.

 

Por otro lado, el juego incluye un rudimentario sistema de comunicación que permite hablar con los habitantes del planeta. Este sistema nunca es explicado directamente, por lo que el jugador tiene que estar atento a su entorno parta llegar a entenderlo. Esto exige un extra de concentración, pero aprender a utilizarlos fomenta la sensación de estar en otro planeta y recrea convincentemente el proceso de aprender un pequeño idioma. Es, además, el elemento más propio del juego, el que le distingue de otros mil juegos de puzzles. Por desgracia este extra no se usa muy a menudo y su práctica, además, es bastante libre; si hubiesen integrado esta mecánica más profundamente, el juego habría perdido en accesibilidad, pero habría ganado en profundidad, originalidad e interés. Finalmente, el asunto se queda en una nota a pie de página, pero, en cualquier caso, resulta un experimento curioso que vale la pena probar.

 

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Por supuesto, a la hora de realizar un análisis hay que tener en cuenta la relación calidad-precio del producto. De cara al usuario, cuando existe una cantidad razonable de calidad en un producto de coste 0 es difícil que la moneda no caiga de cara. Missing Translation no reinventa la rueda, pero es evidente que es un juego realizado en un tiempo de desarrollo modesto, con un equipo de 4 personas y una importante falta de recursos. Está diseñado con eficacia y su simpatía y naturaleza ligera hacen que acercarse a él sea fácil y agradecido. Como producto es, además, lo bastante propio como para resultar valioso en sí mismo. Para rematar esto, el juego es gratis, con lo que resulta complicado dar más por menos (existe un DLC de pago que no se ha tenido en cuenta para el análisis).

 

Al final Missing Translation no persigue otra cosa que ejercitar las neuronas. Y es justo lo que consigue. Un trabajo eficaz y encomiable.

6.0

Pros

  • La banda sonora
  • El idioma imaginario
  • Su precio (0)

Contras

  • No explotar su mayor acierto
  • Cierta sensación “demasiado rústica” en la estética
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